lunes, 5 de mayo de 2014

COLUMNAS


CADA UNES DESDE ALGÚN LUGAR DE JALISCO




EL VALOR DE LA PALABRA


Fernando F. Velasco Villa SDG


Un buen amigo, me envió correo que reproduzco que contiene un Acontecimiento Militar Mexicano, que nos muestra el Valor de la Palabra que desgraciadamente se ha perdido –hay quienes ni siquiera valoran el juramento de fidelidad, que hicieron delante de sus amigos, familiares y de Dios, el día que se casaron-;

En 1892 murió don Carlos Fuero, una calle en Saltillo, Coahuila y una en Parral, Chihuahua, llevan su nombre, pero más merece por el hecho que ahora voy a narrar.

A la caída de Querétaro, quedó prisionero de los Juaristas el General don Severo del Castillo, Jefe del Estado Mayor de Maximiliano. Fue condenado a muerte, y su custodia se encomendó al Coronel Carlos Fuero. La víspera de la ejecución, dormía el Coronel, cuando su asistente lo despertó; el General del Castillo, le dijo, deseaba hablar con él. Se vistió de prisa y acudió de inmediato a la celda del condenado a muerte. No olvidaba que don Severo, había sido amigo de su padre.

-Carlos-, le dijo el general, -perdona que te haya hecho despertar. Cómo tú sabes, me quedan unas cuantas horas de vida, y necesito que me hagas un favor. Quiero confesarme y hacer mi testamento. Por favor, manda llamar al padre Montes y al licenciado José María Vázquez-.

-MI General, respondió fuero, no creo que sea necesario que vengan esos señores-, -¿Cómo?-, se irritó el General del Castillo, -deseo arreglar las cosas de mi alma y de mi familia, ¿y me dices que no es necesario que vengan el sacerdote y el notario?-; -En efecto, mi General-, repitió el Coronel republicano, -No hay necesidad de mandarlo llamar. Usted irá personalmente a arreglar sus asuntos y yo me quedaré en su lugar, hasta que usted regresa-.

Don Severo se quedó estupefacto, la muestra de confianza que le daba el joven Coronel, era extraordinaria. –Pero, Don Carlos-, le respondió emocionado-, ¿Qué garantía tienes de que regresaré para enfrentarme al pelotón de fusilamiento?-; -Su PALABRA DE HONOR, mi General-, contestó Fuero; -Ya la tienes-, dijo don Severo, abrazando al joven Coronel.

Salieron los dos y dijo Fuero al encargado de la guardia: -El señor General del Castillo, va a su casa a arreglar unos asuntos, yo quedaré en su lugar como prisionero. Cuando él regrese me manda usted despertar-.

A la mañana siguiente, cuando llegó al cuartel el superior de Fuero, General Sóstenes Rocha, el encargado de la guardia le informó lo sucedido. Corriendo fue Rocha a la celda en donde estaba Fuero y lo encontró durmiendo tranquilamente. Lo despertó moviéndolo y lo cuestionó: -¿Qué hiciste Carlos?, ¿Por qué dejaste ir al General?-, -Ya volverá-, le contestó Fuero, -Si no, entonces me fusilas a mí-.

En ese preciso momento, se escucharon pasos en la acera. -¿Quién vive?-, gritó el centinela. -¡México!- respondió la vibrante voz del General del Castillo, -Y un prisionero de guerra-.


Cumpliendo su PALABRA DE HONOR, volvía Don Severo, para ser fusilado.

El final de esta historia es muy feliz. El General del Castillo, no fue pasado por las armas. Rocha le contó a don Mariano Escobedo, lo que había pasado y éste a don Benito Juárez. El Benemérito, conmovido por la magnanimidad de los dos militares, indultó al General y ordenó la suspensión de cualquier procedimiento contra Fuero. Ambos eran hijos del COLEGIO MILITAR, ambos hicieron honor a su palabra.

De ahí deriva también la palabra “Fuero”, tener “Fuero”, es tener un privilegio, que debe sustentarse en la palabra de honor y en su juramento o “protesto” como le llaman, que todos nuestros políticos han olvidado y hecho a un lado para gozar de canonjías, privilegios fuera de la ley y, en resumidas cuentas, PARA COMETER ABUSO DE PODER SIN LÍMITES, robar y cometer toda clase de fraudes contra la nación. También muchos de los que no son políticos han olvidado lo que es tener PALABRA DE HONOR para eludir sus responsabilidades, evitar sus compromisos y engañar, muchas veces, hasta a sus más allegados, a sus amigos, a sus compañeros de trabajo, a su empleador y en resumen, a México.

Afortunadamente aún existen muchas familias que a sus hijos les inculcan a tener Palabra de Honor. Aunque no lo crean, esa es una de las esperanzas de México, …que espero la retomemos y la hagamos valer.

Hasta la próxima semana.

ALGO MÁS QUE PALABRAS



MÁS PRESENTE QUE NUNCA EN LA VIDA DE LOS CIUDADANOS




Víctor Corcoba Herrero

corcoba@telefonica.net


Hace diez años, concretamente el 1 de mayo de 2004, Europa se hacía más grande, más fuerte, se ampliaba de quince a veinticinco Estados miembros, con incrementos sucesivos a veintiocho, acrecentando de este modo un gran mercado único, lo que conlleva mayores oportunidades para todos, al construir puentes de unión y mejorar los intercambios entre países. Es evidente que la unidad de un continente nos debe hacer más prósperos, debe mejorar la calidad de vida de las personas, y facilitar la reconciliación entre ciudadanos de diversas culturas. Dicho esto, conviene reflexionar sobre el grado de cumplimiento o incumplimiento de las líneas trazadas, sobre todo en relación al progreso social y el nivel de bienestar ciudadano, dentro de un concepto más amplio de libertad, de respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional.


Partiendo de esta integración europeísta, celebramos el 9 de mayo, como el día de Europa, jornada de paz y unidad. Sin embargo, la evocación de esta fecha, que tiene lugar desde 1985, a pesar de ser el único momento de conmemoración oficial en la Unión Europea, absurdamente se considera un tiempo laborable, mientras otras onomásticas nacionales sí son festivas. A mi juicio, estamos ante la primera contradicción de principios, puesto que si en verdad queremos fomentar el europeísmo hay que darle a la ceremonia la solemnidad de fiesta, por parte de todos los Estados miembros, con una equiparación igual a otros festejos patrióticos, por medio de la cual una nación simbólicamente adopta una cronología de gran significación para promover la unidad de todos sus ciudadanos. En todo caso, celebrar la cohesión de una Europa fuerte, unida y abierta, ha de ser un motivo de alegría inmensa, un referente que bien vale la pena vivirlo y asimilarlo.


No desdibujemos que lo que comenzó como una unión meramente económica ha evolucionado hasta convertirse en una organización política singular, preocupada por avivar el Estado de Derecho, y ocupada en temas que van desde el desarrollo hasta el medio ambiente. Ahora llega el momento de avanzar hacia una Europa de la convivencia, que defienda los derechos fundamentales de las personas más vulnerables. Quedarse en las palabras y no traspasar sus emociones de nada nos sirve. Es hora de actuaciones específicas, de rechazar el derrotismo, de levantarse y ver la manera de salir airosos de las dificultades. Quedarnos en la superficialidad de una unión económica y monetaria sería como desandar el camino recorrido hasta ahora. Para empezar, tenemos que aprender a querernos como ciudadanos de la unión, sólo así podremos debatir nuestras cuestiones más allá de una perspectiva de Estado o Estados poderosos, sino como una visión europeísta aglutinadora.


Ciertamente tenemos los recursos, la tecnología y la experiencia de estos últimos años, y aunque compartimos intereses comunes, los Estados miran más para sus propias instituciones estatales que para trabajar codo con codo con las instituciones europeas. Sin duda, hay que hacerlas más democráticas y aumentar su transparencia, con más participación ciudadana en el proceso político. De lo contrario, será difícil corregir los desequilibrios y reforzar una eficaz gobernanza europeísta. La gran contradicción europeísta no es que quede mucho por hacer, es que hay que cambiar actuaciones caprichosas, apostando decididamente por aumentar la legitimidad y la responsabilidad democráticas de la Unión, además de invertir mucho más en la dimensión social.


Europa no puede permitirse perder una generación de jóvenes que ni trabaja ni estudia, que ni se forma ni aprende. Sin duda, la clave radica en invertir mucho más en temas innovadores y formativos, de conocimientos e investigación, para defender con una sola voz un espacio donde no tengan cabida las exclusiones. Y, por consiguiente, a mi manera de ver es una buena noticia, que la Comisión haya instado a todos los Estados miembros a que instauren una garantía juvenil. Así se pretende garantizar que todos los jóvenes de hasta veinticinco años de edad reciban, en un plazo de cuatro meses desde el momento en que dejen la educación formal o se encuentren en desempleo, una buena oferta de empleo, formación permanente o un periodo de prácticas o de aprendizaje.


Por eso, pienso, que la evolución del continente europeo tiene que hacer hincapié en la idea de acogida, bajo el sustento de unidad cultural y valores comunes, invitando a la ciudadanía a sentirse protagonista del debate. Las persistentes contradicciones de las instituciones de la Unión Europea han hecho de la realidad un camino sin salida, que hoy exige importantes y transcendentales transformaciones encaminadas, principalmente, en dar respuesta al desempleo y a las consecuencias sociales de la crisis, a través de un crecimiento inteligente, sostenible e integrador. Indudablemente, tenemos que seguir proyectando nuestros valores e intereses colectivos más allá de nuestras fronteras estatales. Por otra parte, los países deben garantizar relaciones de buena vecindad y de cooperación, máxime cuando la solidaridad debe ser la guía para afrontar desafíos globales planetarios.


De ahí, la importancia de las próximas elecciones europeas 2014, a celebrar a finales de este mes de mayo, con la novedad de que a partir de ahora el Consejo Europeo, que reúne a los Jefes de Estado o de Gobierno en cumbres periódicas, deberá tener presente los resultados electorales para proponer al nuevo presidente de la Comisión, tal y como establece el Tratado de Lisboa. A continuación, la persona propuesta tendrá que recibir el respaldo mayoritario del Parlamento Europeo, única institución de la Unión elegida directamente por los ciudadanos. No me cabe duda que, con este naciente hecho, los ciudadanos van a estar un poco más directamente representados en la Unión.


Poder participar en la vida democrática europea, cuando menos debe entusiasmarnos para hacer un mundo más habitable, con la vista puesta no en consideraciones abstractas, sino en seres humanos precisos. La experiencia del desempleo en la juventud es una losa demasiado fuerte. Resulta muy complicado recuperar el hábito del trabajo, lo que nos lleva a una destrucción total de la persona. No podemos permitir que este círculo vicioso prosiga. Hay que dignificar al ser humano con un trabajo decente. La Europa de la diversidad parecía haberlo conseguido, pero tras el momento de crisis económica y financiera, que empezó en 2008, algunos ciudadanos han retrocedido a un ciclo de desesperación inenarrable. Las consecuencias han sido, (y aún lo son hoy), dramáticas para muchos de nuestros ciudadanos europeos, por lo que habrá que forjar con decisión nuevos objetivos de empleo, ser más coherentes con la voz ciudadana, y activar nuevos retos de trabajo conjunto. Todavía queda mucho por hacer; pero lo hecho, que no es poco, también permanece. No olvidemos que hace cien años íbamos ciegos hacia la hecatombe de la Gran Guerra.

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